Su nombre es Karen, pero habría querido llamarme Juana. Nació en Yopal, Casanare, en 2001, y su vida ha transcurrido en el sur de Usme. Aquí ha escrito sus preguntas, en segundos restituidos, en intersecciones amorosas, en papel ferrocarril con letra ilegible. Ha querido ser otra cosa: cantante de ceremonias, secretaria de traje negro y mocasines, inspectora de multas de tránsito, costurera —todas buenas intenciones—, pero la asediaron las palabras. Acudieron a ella en el computador, en la espuma, en la calle, en la mugre. Dijo: ¡Qué buen final para un cuento, qué poema como un trozo de pan, qué oración hermosa!